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Plaza de toros de las Ventas

David Lago

 

Ah varón, desnudo yo te invito a este asombro, tan mudo, que despierto.

                                             Elena Tamargo

Y sin embargo, me agrada que me digas

que soy la clase de hombre que gustas

y que despierto en ti lascivia en la noche calurosa de este        

incipiente verano.

Disfruto que compruebes que no te equivocabas  cuando los

ojos sobre mí pusiste

y lo exclames en voz alta para que las estrellas se enteren,

cuando palpas el falo, redondeas el glande, castigas en tu

puño gónadas y glúteos,

recorres el pecho donde los barcos se hunden,

y besas la boca, y muerdes los labios.

Y sé que no mientes. Y sé que este efímero momento vale

la eternidad del amor.

Y sé que todo quedará en algo que pudo y por suerte no fue

porque precisamente ya lo fue en ese único segundo en

que la tierra se nevaba,

y así quedará para siempre cubierta por la nieve, y no por el

barro.

                   (Madrid, 21 de junio de 2001)

 

 

 

Licor de herbas*

                                    para A.

Gélido y ardiente quema mi paladar

este licor de hierbas que escancio dentro de tu copa

para beber del revés lo que en ella deposité,

que, ardiente y gélido, vuelve a mi boca

para hacerlo deslizar nuevamente cristal abajo

por esa gruta sin fin de tu carne blanca.

Y traspaso aquello que sorbo,

y libo las paredes del aljibe,

aspiro lo que en ti derrocho,

casi sin fin, casi sin fin, hasta que orujo y hierbas del campo

gruñen con suave quejumbre, como puerta recién aceitada por el

                                                          placer una visita esperada.

Ah carajo, qué dichoso soy, y qué dichoso te hago,

y qué contento nos da beber sin beber,

y refrescar lo que escalda, quemar el frío

de los labios de arriba a los de abajo, y de los de abajo a los de arriba,

cruzando la oscuridad del puente que entre ambos se tiende.

 

                     (Madrid, 30 de enero de 2001) *(Traducido del gallego)

 

 

Welcome to paradise

Sé que un día doblaré la esquina y no estaré preparado para lo que me encuentre.

                                    Jean-Michel Basquiat

 

Uno no se reforma; sólo pierde fuerzas. Es la meditación de un presidiario;

quiero decir, de un antiguo recluso ya en libertad, pero tampoco hay "ex" en verdad;

quiero decir: sólo hay presidiarios.

Cuando se asoma a la ventana y piensa: "hoy es un nuevo día", es el reo de una referencia.

Cuando pasea por la acera y anda ligero y sin pensar,

no es más que la presa de una abstracción momentánea,

pero no cuenta en su vida con la seguridad del olvido

y en la próxima bocacalle pueden sobrevenirle los recuerdos.

Sonaron muchos disparos en su cabeza;

vio demasiada sangre corriendo abajo por la escalera, o la presintió, da igual;

tembló de mucho miedo; le iluminaron con muchos focos;

encerró sus latidos dentro de un cuadrado perfecto;

tuvo años suficientes para ser joven y a pesar de todo sigue sin reformarse,

no sienta cabeza y delira en una frenética rueda de champán imaginario:

tan sólo ralentiza aquella locura.

El pabilo sigue ardiendo con tal fuerza que la cera se consume más deprisa, cada vez con más prisa...

 

                                         (Madrid, 31 de agosto de 2000)