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Leo Zelada
IV
La muerte aquella implacable
mujer
me seduce
cada vez que camino turbio
por el centro
exclamando:
“hasta que no te
tenga reposando en mi lecho
eterno, no serás totalmente mío ”
y ella paciente todos estos años me acompaña en las mesas y
esquinas
de los bares tratando en vano de alcanzarme:
“el dragón ha abierto una vez más sus fauces,
una mujer se ha cruzado de piernas”
VII
Ingreso a mi password
y busco tu Email
“no sabes la ansiedad
que he tenido de hablarte en
estos días”
contigo ahora, somos dos
en
este fragor intenso
de imágenes rotas
“yo creo paraísos
donde tu cuerpo no existe” XII Ha vuelto a ser el misógino exiliado en la tétrica sordidez
del software
en su cuarto la luna baña maternal sus cabellos y sus ojos hundiéndose mas allá de lo evidente donde todo lo irreal es sagrado
para él se auscultan en extraños e insólitos poemas el ocaso se cierne como un lienzo extendido de Rembrand y el poeta delira
-como Kierkergard- entre luces de neón
por los cyber
espacios Ilustración: Contelación Sur, de Raúl de Zárate |