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LA FISURA

José Abreu Felippe

     Hace poco más de un par de años apareció La fisura, los derechos humanos en Cuba, una amplia recopilación de textos y documentos preparada por Reinaldo Bragado Bretaña y publicada por la Cátedra del Pensamiento Libre. Ahora acaba de ver la luz el segundo tomo, siguiendo la misma tónica del primero. Veo el libro y recuerdo unas imágenes recogidas en un documental donde se ve a Ricardo Bofill deambular por La Habana. La cámara lo sigue mientras se aproxima a la persona que lo va a entrevistar. Es apenas un hombre solo -delgado, frágil- que camina hacia el insólito lente que recoge el momento. Un escalofrío me estremeció entonces y me estremece ahora al evocarla porque en aquella escena estaba resumida, una vez más, la tragedia del ser humano, del individuo frente al poder, cualquier poder. El hombre solitario que vence el ancestral instinto de conservación, el instinto gregario, se separa de la masa, enfrenta su propio pánico, lo domina y desafía la maquinaría todo poderosa, el letal engranaje, que sabe puede aniquilarlo. La indefensión contra la barbarie entronizada. Así ha ocurrido siempre y así seguirá ocurriendo, desde los tiempos bíblicos hasta la actualidad, porque está en la naturaleza humana el no dejarse aplastar, la búsqueda, la conquista, de lo que Reinaldo Arenas definió como necesidad de libertad. Fue tal vez un nuevo comienzo que no ha concluido, el arañar de los presos contra el muro que los contiene, un escarbar con las uñas, con las palabras, sobre el oprobio para lograr un grieta, una fisura, que poco a poco se va ensanchando y por donde salen voces que gritan su indignación o su dolor; por donde asoman manos, cuerpos de hombres y mujeres, denuncias demoledoras y justos reclamos; hechos y palabras, que se recogen en este libro para que la memoria permanezca, para que el olvido no sea un pretexto para la indiferencia; para constituirse en fuente de consulta obligada y apoyo en la cronología de eso que llaman la Historia. Una fisura en el ensangrentado andamiaje de una dictadura -la de Fidel Castro- que es ya una ventana por donde desfilan gente humilde, los pateados de siempre, y obreros, periodistas independientes, fundadores de mínimas bibliotecas no censuradas, activistas insumisos,  médicos, maestros, economistas, escritores, gente digna que quiere que el mundo escuche.

     Frente a la complicidad bien remunerada de los que venden su silencio por un viaje, una casa en Cancún, un curso en una universidad norteamericana, el montaje de una obra de teatro, la publicación -siempre con fondos del enemigo- de alguna jerigonza o la autorización para una antología de "las dos orillas" convenientemente espulgada, esterilizada y sodomizada, están las voces de La Fisura. No se trata de hacedores de literatura, es simple papelería viva que, al decir de Bofill Arepresentan esfuerzos sobre todo en el orden de los testimonios personales y de ordenamientos de artículos e informaciones periodísticas que, en todo caso, podrían constituir algunas de las fuentes primarias para futuros proyectos que, tal vez, deberían comenzar haciendo las pesquisas con los documentos y los relatos originales sobre esta modalidad de resistencia y enfrentamiento al comunismo en Cuba que comenzó con las fórmulas de desobediencia civil a Fidel Castro, inauguradas por el Comité Cubanos Pro Derechos Humanos. Bragado resume su contenido de la siguiente manera: En este tomo II de La Fisura se incluyen artículos publicados en la prensa, otros escritos especialmente para el presente trabajo por periodistas y escritores, muchos documentos de diversa índole que dibujan con claridad la situación de los Derechos Humanos en Cuba y, por supuesto, un nutrido grupo de estudios y denuncias procedentes de la isla, principal finalidad de esta recopilación. Hay trabajos de Maritza Lugo, Oswaldo Paya, Gustavo Arcos, Marta Beatriz Roque, Raúl Rivero, Ángel Cuadra, Rafael Bordao, Manuel C. Díaz y Armando de Armas, entre muchos otros.  

     Para terminar quiero anotar estas palabras de Adolfo Rivero Caro que aparecen en la introducción. En los años que han pasado desde la primera edición de La Fisura, hay un hecho que se destaca sobre todos lo demás: el régimen no ha podido acabar con la disidencia. No sólo eso: la disidencia se profundiza, se disemina, se multiplica.  Lo anterior es irrefutable: la fisura crece.