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El tiempo afuera

Por Armando de Armas 

La escritura de José Abreu Felippe es el mejor ejemplo de lo que él mismo ha denominado poesía exiliada y pateada; al titular la antología que presentó recientemente en el Koubek Center invitado por el Pen Club de Escritores cubanos en el Exilio.  

Con una obra que incluye la poesía, la novela, el cuento, la dramaturgia y la ensayística José Abreu se revela como uno de nuestros intelectuales más sólidos en el sentido renacentista y entronca con la estirpe, además, de los hombres de letras (rara avis en los tiempos que corren) de la cubanidad comprometida con la libertad y el decoro.  

En 1993 su novela Siempre la lluvia fue finalista del Premio Letras de Oro, Miami;  y el poemario que ahora nos ocupa, El tiempo afuera, Editorial Verbum, Madrid, se alzó con el Premio de Poesía Gastón Baquero 2000; que otorga dicha editorial. 

Esta es poesía de exilios; no sólo de los exilios políticos y patéticos nuestros de cada día, sino también de esos otros exilios del alma en el alejamiento de la divinidad; en su cópula con los demiurgos y los demonios. Hay aquí algo como de desarraigo y desgarramiento y desencuentro; de ávido avatar, de noria y nostalgia de la escoria; detritus de la historia expelida de paraísos sin cuento.

En la portada se aprecia una precognición en la foto, presumiblemente del autor, niño ataviado con ojos ávidos y asombrados, vestido de marinero con mar y barca al fondo que parece ser el primer poema del libro y el epílogo de la vida, de su vida: partir, dejar, despertenecer. 

"...Creo que hay un perro del otro lado de la cerca

                creo que el pájaro que cantaba anoche emigró.

                Creo que la mata de maravilla que tengo en la escalera

    es la misma que había en el placer de enfrente de mi casa

    yo prendo otro cigarro mientras escucho

    como juega el viento".

Poesía de la nostalgia; nostalgia de la nada, de la buena; del no regreso porque ni siquiera hay la certeza de que se ha partido, sólo la certeza de que al autor, y a usted amigo lector por aquello de por quién doblan las campanas, le han pateado con saña en salva sea la parte; sea la patria.