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Después
del tiempo Luis
de la Paz Quise
recordar el año en que el escritor José Lorenzo Fuentes publicó Después
de la gaviota, libro de relatos con el que fue mención
en el Premio Casa de las Américas, pero la fecha no acudía a
mi memoria. Busqué entonces al catálogo de la biblioteca pública y
descubrí horrorizado que allí no existe ningún libro de este
importante autor cubano. Finalmente encontré el registro en
la biblioteca de la Universidad de Miami, donde además se
guardan, por fortuna, otras obras del escritor: Me pregunto cómo es
posible que el tiempo haya borrado de la memoria, los archivos forman
parte de la memoria, a un escritor. Creo haber hallado la respuesta en
la siempre poderosa razón de que somos exiliados, que no tenemos un
país que nos represente, que alce su voz por nosotros, y a la
ausencia de reediciones de libros agotados. Por ello es tan importante,
admirable, aunque poco reconocida la labor que viene realizando el
escritor Carlos Díaz Barrios, en su editorial La Torre de Papel, que
en colecciones como La Segunda Mirada y ahora La Huella en la Nieve,
va precisamente tras la huella de los autores olvidados, pero vigentes
en su obra y por su calidad. La estación de la sorpresa (La Torre de Papel, 2001) reúne tres narraciones de José Lorenzo Fuentes. La primera, que es la que le da título al libros, es un tierno, imaginativo y poético cuento sobre el mundo de la infancia y el amor. Relato en el que el personaje principal es Gloria, la hija del autor, a quien le dedica el libro. El segundo texto es Después de la gaviota, el memorable relato que hizo furor en su época. Cuento cargado también de imaginación y sensibilidad. El libro cierra con Ya sin color, narración intensa y estremecedora. José
Lorenzo Fuentes nació en 1928 y publicó la mayor parte de su obra en
los años 60. Destacan los libros El lindero, El sol, ese
enemigo, El vendedor de días, entre otros, donde hay que
nombrar, naturalmente, Después de la gaviota, que apareció en
1968 año difícil para la cultura cubana, tras los premios a Heberto
Padilla por Fuera del juego y Antón Arrufat (que hoy parece
haber retomado la simpatía oficial) por Los siete contra
Tebas. Valga esta colección, que se puede adquirir en 1618 Ponce de León, para rescatar y regresar a la actualidad a los escritores cubanos exiliados.
Debates
por la democracia ¿Alguien
se ha preguntado cuántos millones de cubanos se han hecho hombres y
mujeres en los últimos 42 años sin que jamás hayan participado, o
al menos presenciado o tan sólo escuchado, un debate abierto y
honesto sobre un tema político en Cuba? La respuesta es triste: casi
ninguno. Y ese pesar lo asumo personalmente, pues crecí en esa
sociedad politizada, militarizada y aterrorizada, donde el presente es
tabú, el pasado innombrable y el futuro sólo la cárcel, o en el
mejor de los casos el exilio. Pensaba
en esa patética realidad leyendo el libro de Néstor Carbonell
Cortina, Grandes debates de la constituyente cubana de 1940 (Ediciones
Universal, 2001), donde se recoge un resumen de quince de los debates
constitucionales más acalorados, y a la vez más hermosos y lúcidos,
que se dieron en la convención constituyente de 1940, la ley
fundamental de la República
de Cuba más progresista y abarcadora jamás promulgada, y que
desgraciadamente se desmoronó con el golpe del general Fulgencio
Batista, y que recibió su estocada definitiva con la tiranía
de Fidel Castro al promulgar la Constitución de 1976. El libro de Carbonell Cortina resume los debates de temas tan sensitivos como La igualdad ante la ley, La pena de muerte, La libre emisión del pensamiento, La educación privada y religiosa, El derecho a la sindicación y La proscripción de latifundio, entre otros. Estos debates contaron con la participación de delegados de partidos como el Liberal, Nacionalista, Comunista y el Auténtico para sólo citar unos pocos, y con las voces de José Manuel Cortina, Orestes Ferrara, Jorge Mañach, Carlos Prío, Emilio Núñez Portuondo, Juan Marinello, Blas Roca, Eduardo Chibás, Emilio Ochoa, Santiago Rey, y muchos otros, que consiguieron, tal vez en el mejor momento de la república enlazar la verdadera identidad nacional cubana. Esta
obra es una pieza fundamental que puede servir, junto al Diario de
secciones, publicado en La Habana en 1941, por el magistrado Andrés
Lezcano en cuatro tomos, y que el propio Carbonell Cortina cita en su
libro, como la base principal para la próxima constituyente que la
historia le dicte al cubano. |