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Entrevista
Hugo Consuegra, un pintor
cubano
Luis de la Paz
Con frecuencia se habla de generaciones, movimientos
artísticos y grupos que responden a ciertas características, pero la
realidad es que todo eso queda en puras definiciones; lo grande, lo que
importa, es cada hombre individualmente, su discurso expresivo y su legado,
y eso lo ha tenido siempre muy en cuenta el pintor y escritor Hugo
Consuegra, uno de los más conocidos miembros del grupo "Los
Once". Su labor creativa lo sitúa en un marco amplio y trascendental:
como una de las figuras más completas de la plástica cubana, de forma
que al decir pintura cubana, su nombre acude como uno de sus mayores
exponentes.
Durante su formación tomó clases en la Academia de
San Alejandro, luego completó estudios de arquitectura. Como hombre de su
tiempo viajó por el mundo, vivió las convulsiones sociales, y llevó una
vida rica e intensa. Sus vivencias, su espacio familiar y un largo exilio,
los ha canalizado en un libro Elapso Tempore, su autobiografía,
obra que es un profundo recorrido por los lugares y momentos que marcaron
su vida. Esta pieza, tan clave como su pintura, revela las fuentes que
nutrieron el fascinante mundo personal de Hugo Consuegra.
1.- ¿Cómo surge el grupo de "Los Once"
al que usted pertenece?
El VI Salón Nacional de Pintura
y Escultura se celebró en el Capitolio del 10 al 25 de enero de 1953. Fue
evidente que había un grupo numeroso de jóvenes artistas intentando
formas de expresión diferentes a la Escuela de La Habana, representada
por Amelia, Portocarrero, Carreño, etc. Un mes más tarde, 16 al 26 de
febrero, organizamos la exposición 15 Pintores y Escultores en los
salones de Nuestro Tiempo. De los 15 artistas listados en el catálogo,
cuatro de ellos (Salvador Coratgé, Julio Matilla, Zilia Sánchez y Manuel
Vidal) no presentaron obra. Quince menos cuatro= once. Una segunda
exposición de dibujos se celebró en la Galería de Matanzas, en abril 5
de 1953, y, finalmente, la famosa Once Pintores y Escultores, La
Rampa, 18 al 28 de abril de 1953. Los Once "originales" fueron:
Francisco Antigua, René Ávila, José Ignacio Bermúdez, Agustín
Cárdenas, Hugo Consuegra, Fayad Jamís, Guido Llinás, José Antonio (Díaz)
Peláez, Tomás Oliva, Antonio Vidal y Viredo Espinosa. Nunca más
volveríamos a ser matemáticamente once. Raúl Martínez se unió al
grupo para la cuarta exposición, Los Once, Pintores y
Escultores, Lyceum, noviembre 19 al 26,1953. José Ignacio
Bermúdez se marchó a USA, y hubo inclusiones, exclusiones, invitados y
expulsados. En total 21 artistas estuvieron vinculados al grupo en alguna
ocasión, muy especialmente Antonia Eiriz y Juan Tapia Ruano. El grupo se
disolvió en 1955, cuando Agustín Cárdenas aceptó una beca de Batista,
en condiciones que están bien explicadas en mi libro Elapso Tempore,
pero cinco artistas (Hugo Consuegra, Guido Llinás, Raúl Martínez,
Tomás Oliva y Antonio Vidal) siguieron exponiendo juntos hasta la
exposición Expresionismo Abstracto 1963, Galería de La Habana,
enero 11 a febrero 3, 1963. En total fueron 15 exposiciones entre los
años 1953 a 1963.
2.-Los críticos tienden a agrupar a los artistas en torno
a grupos que responden a ciertos esquemas. ¿Qué opinión le merecen las
clasificaciones? ¿Son perjudiciales o beneficiosas para el creador?
Magritte, Miró y Lam están "clasificados"
como surrealistas, pero cuán diferente es su obra. En las cavernas de
Altamira podemos distinguir a varias "personalidades" entre
aquellos anónimos artistas rupestres. Las clasificaciones son importantes
para catalogar y estudiar períodos, y pueden ser ventajosas al artista,
ya que la acción de grupo puede ser muy efectiva en algunos casos. Pero
un grupo no hace obra sino es a través de sus miembros. Así como el pez
es un nombre genérico, tipológico, lo que realmente importa es el
salmón, el pargo o la rabirrubia. Así el artista debe ser él por arriba
de ser cubista, romántico o impresionista.
3.-¿Cómo es su pintura en la actualidad después
de vivir tanto tiempo en el exilio? ¿Qué elementos la han enriquecido y
cuáles la han contrariado?
Siempre desconfié del "conocerte
a ti mismo" de los griegos. Presupone que somos una entidad terminada.
Prefiero descubrirme una y otra vez, transformarme, explorar los rincones
por los que aún no he pasado. El exilio no ha afectado esta actitud, ni
ha cambiado mi camino. Mi pintura se ha transformado a lo largo de estos
45 años de exilio, pero no por razones exteriores; el cambio está en mí.
4.-Su libro Elapso Tempore es una
autobiografía sui generis, pues está escrita muy por encima de las
reglas del género. ¿Podría hablarnos de ese libro?
Digo en Elapso Tempore:
"...me dirijo ahora al lector y explico (...) que esta narración no
es un libro y yo no soy un escritor". Verdad a medias; por supuesto,
sigo no siendo un escritor, pero Elapso Tempore ha encontrado un
digno lugar entre los libros cubanos. José Abreu Felippe me escribe:
"Acabo de cerrar su libro y no puedo negar cierta mezcla de alegría
y tristeza. Siento, por un lado, que el mundo -la vida-, que usted
retuvo y supo sembrar en estas páginas, se mantiene, y se mantendrá
gravitando para siempre, independiente ya del propio creador. Y eso es
bueno, porque a partir de ahora ese mundo estará ahí, accesible a todo
el que quiera asomarse a él, a pesar de ser un universo ido, vivido,
consumado". Todos repetimos (ad nauseaum) lo que nos dijo Ortega y
Gasset. El único acierto que reclamo es el haber comprendido que mi
circunstancia ha sido muy superior a mi persona, y haber dejado que fuera
ella, y no yo, quien escribiera el libro.
5.-Se dice que al llegar a cierta edad algunas
ideas se revalorizan y otras se desvirtúan. ¿Cómo se siente usted
cuando mira hacia atrás?
Cuando miro hacia atrás me veo a
mí mismo, y me doy un "aprobado", aunque no me doy un
sobresaliente; así y todo, estoy en paz conmigo mismo. Si volviera a
vivir, haría las mismas cosas que he hecho; quizás un retoque aquí y
allá, pero, fundamentalmente, viviría la misma vida que he vivido,
sin valorizaciones ni desvirtúos. Pero también, mirando hacia atrás,
veo el mundo que me rodea actualmente, y aquí, no hay paz ni complacencia
alguna. A la vergüenza de Cuba, se une la vergüenza del resto del mundo:
crueldad, corrupción, odio, violencia, intolerancia. Hemos empezado el
siglo XXI con una guerra de religión. Me aterra la idea de que Jorge
Manrique estuviera en lo cierto; "como a nuestro parecer, cualquiera
tiempo pasado fue mejor", pues ello implicaría que cualquier tiempo
futuro será peor.
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