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Ensayo
| Lucas
Lamadrid:
intensidad,
erotismo y esdrújulas protagónicas |
| Amelia
del Castillo Martín |
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Lucas Lamadrid nace poeta en La Habana ( 10
de enero de 1919), y en La Habana funge con hidalgía y
honestidad como Abogado y como Oficial Auditor del Ejército.
Lucas Lamadrid muere poeta en Miami
(4 de junio de 1987), y en Miami sobrevive domando escaseces
sobre el lomo de un tractor de almacén mediocre. Árdua labor
para un hombre que enfrenta el avance tardío de una
poliomielitis padecida en la infancia.
La obra poética de Lucas Lamadrid,
conocida y apreciada por una minoría selecta e intimista, ha
sido poco divulgada dentro del vasto sembradío, no ya de la
poesía hispanoamericana, sino de la poesía cubana. La pérdida
ha sido nuestra. En espiral lírica se dio este poeta de barba
hirsuta, voz recia, mirada penetrante y verso centelleante,
desasido siempre de opiniones, amiguismos, admiración o críticas.
Su voz sigue el itinerario emocional de un
poeta "exiliado y pateado" –como tan acertadamente
dijera el escritor José Abreu Felippe refiriéndose a otros
escritores cubanos.
Publica Lamadrid su primer libro, Madréporas
(La Habana, 1935), a los dieciséis años. Un año más
tarde Juan Ramón Jiménez incluye cuatro de sus poemas en El
Libro de la Poesía Cubana (Institución Hispano-Cubana de
Cultura, La Habana, 1936), dando un espaldarazo al joven poeta
cuando, al leer éste uno de sus poemas, le dice: " Yo
hubiera firmado esos versos". Pero el Lucas Lamadrid
estudiante, abogado y militar esconde al poeta, hasta que el
desgarrón de la diáspora lo priva de muchas cosas, pero le
devuelve el canto.
A la voz, a la palabra y al canto rinde el
poeta el homenaje que merecen al titular sus primeros dos
libros Cantos de dos caminos-Antología mínima
(Barcelona, 1977) y Cantos de la Tierra y el
Hombre (Miami, 1982). Tres poemarios permanecen inéditos,
Poemas en la luz oblicua, Trayectoria de la indignación
y Retablos esperpénticos.
Canto de dos caminos contiene
tres poemas incluidos en El libro de la poesía cubana, recopilación
de Juán Ramón Jiménez citado anteriormente, y al sub-título,
Antología mínima, llamaría yo
autobiografía mínima, porque en él nos regala Lamadrid sus Cantos
del Camino en primavera, Cantos del camino en otoño y
Cantos en el vórtice.
Cantos de la Tierra y el Hombre,
premiado en New York por el Círculo de Escritores y
Poetas Iberoamericanos, es un
poemario desgarrado y visceral que narra el éxodo masivo de
disidentes cubanos en la voz de –y cito del prólogo al
mismo– "un fugitivo prototípico".
En Trayectoria de la indignación
el discurso poético es agrio, acusador y violento,
volcando el poeta el encono y la frustración de sus primeros
años de exilio.
Poemas en la luz oblícua toma
el título de uno de sus poemas, y en él encontramos una poesía
de gran belleza y lirismo.
Retablos esperpénticos y Panoplia
de símbolos son los últimos poemarios del
poeta. En el primero nos deja Lucas Lamadrid un rechazo
hiriente y sarcástico al mundo que lo rodea. En Panoplia
de símbolos trabajaba el poeta cuando la enfermedad y
la muerte lo sorprenden. En este poemario, más sosegado y
filosófico, desecha Lucas la agresividad y el encono para,
cuestionándose a sí mismo, ahondar en las interrrogantes del
hombre: la vida, la fe, la muerte.
Resalta en el discurso poético de Lucas
Lamadrid la conciliación de opuestos que logra al conjugar la
fuerza, el encono y la ira con inesperados y deliciosos
resquebrajamientos de fragilidad y ternura.
Así, no es raro encontrar versos de gran
fuerza:
Sueltan sus mariposas escuálidas / por entre los barrotes de
la ergástula (…)
Un día nos desprendemos de nosotros / sin saber la profunda
razón del pánico (…)
para sorprendernos de pronto con el lirismo
de otros como:
Para saberte próxima me basta / el tacto de tu voz sobre mis
labios (…)
Como brisa en el viento / amar y se amado entre las yerbas
(…)
Lucas Lamadrid no es un poeta fácil; y no
por intrincamiento del lenguaje o artificios poéticos, sino
porque su poesía nos enfrenta a caminos opuestos y a
contrastes sorprendentes. No hay en su poesía ni artificio ni
afán de trascendencia. Sí hay una dicotomía que desarma,
una concatenación de opuestos que desconcierta, y genuinos
estados anímicos que trascienden sin desarmar la continuidad
del discurso poético.
En Lucas Lamadrid, la relación
poeta-poema-lector se da a la inversa, ya que es el lector
quien va, por el hilo seductor del verso, hasta la voz; de la
voz al poeta y del poeta al hombre. Al hombre que está detrás
del poeta; o a la inversa, según como se vea. ¿Y cómo era
este hombre-poeta? Nos responden sus versos:
El
que quiera leerme que me acepte cual soy,
ayuno de sutilezas
académicas
con este verso mío
harapiento de imágenes
y enfermo de
impaciencia (...).
con náusea de
mentiras convencionales,
rebelde contra
todo lo que en redor me asedia.
Y me excuse este
rictus del alma (...)
esta inconformidad
iracunda y perpleja.
Que me perdone
mi arrogancia (...)
mi indignación
que se golpea la frente
en todas las
sonrisas y en todos los silencios .
En la poesía juvenil de Lucas Lamadrid
–la seleccionada por Juan Ramón en 1936– no hay balbuceo
poético. El joven poeta, dejando que asome el recio poeta que
sería Lucas Lamadrid, identifica su voz diciendo exactamente
lo que quiere decir:
(…) abrir las
ventanas blancas del espíritu
a los cuatro
vientos de la eternidad
y ahorcar en la
rama muerta de la inercia
el muñeco inútil
de la voluntad (…)
La fuerza, que puede parecer una constante
en la voz lírica de este poeta, se estremece y resquebraja
sin pudor alguno rompiendo el "tempo" de la comunión
anímica poema–lector–poeta, cuando junto a sustantivos
como fusil, lanza, guerrero, hembra…,
nos sorprende con otros como templo, alma, niña…
En el poema Carta a un niño,
dedicado a su sobrino Lucas Lamadrid IV encontramos,
perfectamente conciliados, un lenguaje combativo y viril y una
voz lírica creyente y tierna:
(…)
Yo sé que un día algo se alzará en ti, pasión y desafío.
Que
querrás cabalgar, guerrero, por los predios antiguos
y
sin respeto a hijo ni dueño
llevarte
a la grupa la hembra
que
viste en el camino (...)
No
vayas a la guerra e/ si tu honor y tu fe no van contigo (…)
búscate
una mujer que avive el fuego
/y
llene con su risa tus silencios
y
vuelque su ternura en tus vacíos (…)
El poeta necesita la palabra, precisa del
canto, que no por capricho ha titulado dos de sus libros, Cantos
de dos caminos y Cantos de la tierra y el hombre, y
en su fe inquebrantable pide al Hijo de Dios:
Sí, quítamelo todo, Señor… Mas si es posible
¡déjame mi palabra! (…)
No me condenes a la mudez
¡déjame mi palabra
para que ya cuando no sienta la luz
ni la fragancia
ni el pétalo, ni el viento, ni la carne
ni la miel, ni el sonido,
pueda seguir llamándote!
Imágenes somáticas y telúricas, que golpean de frente, dan a la poesía
de Lucas Lamadrid la magia de inquietar y de calar hondo.
Basten, a saltos, estos versos de distintos poemas:
Y así llegó la hora de librar el pellejo
de preservar la sórdida corteza
que azotaba la urticaria del miedo
Era la hora de constricciones vesicales
de visceral
espasmo (...)
Silbo/ y me alejo cojeando con las manos en los bolsillos
tropiezo
indiferente con los que regresan
escupo en los
costados de los óbnibus y los autos de lujo
vuelvo el
pezcuezo artrítico (…)
Por la espiral poética de Lucas Lamadrid sube también la luz; y decir luz
es reconocer sombra. Ambas persiguen al poeta desde su juventud,
y en su poemario inédito Poemas
en la luz oblicua, juega magistralmente con ellas
dentro del más vívido lirismo.
En
esta rara luz atormentada
las
sombras se deforman y ennegrecen (…)
Y
es que esta luz, ya fieramente oblicua
afila
tan agudos los contornos,
los
ángulos y aristas de la angustia (…)
Sólo
en la luz vivimos, aunque acaso
estemos
ya muriendo en nuestra sombra (…)
Sin perder sus estremecimientos de ternura crece en fuerza la poesía de
Lucas Lamadrid cuando se encona y rebela en Trayectoria de la indignación,
también inédito, donde nos da lo más recio de su poesía.
En el poema Prólogo se indigna más y más la voz poética sin que
en ningún momento pierda lirismo
y estilo propio al decirnos, con el desarraigo que marca a los poetas cubanos del exilio:
(…) No, no esperes mi verso por el sueño
ni
por un arco iris de ilusiones.
Ya,
maltrecho, deambula por las calles del guetto…
Acaso
te lo encuentres al doblar de la esquina
con
un cartucho bajo el brazo y de regreso.
No
le extiendas tu mano, que la suya
la
tiene ya crispada y se la pudre
la
lepra del destierro (…)
El poeta vibra y hace vibrar cuando reclama y defiende su voz y sus raíces
sin evadir el HOY,
que es para Lucas Lamadrid mucho más que un monosílabo
rotundo
De Viñeta de la injuria,
sub-titulado Barrio de
inmigrantes, escojo estos
versos:
Tañerá inútilmente una campana
para
todos los tímpanos del aire,
mas
pasarán de largo las viejitas beatas
a
traficar sus sellos de alimentos (...).
Y
la calle se lavará las manos
con
lágrimas de pueblo.
Y cuando ese HOY que da y exige lo desalienta o encona, el poeta lo
escrutina, lo indaga, lo cuestiona,
lo encara en su libro inédito Retablos esperpénticos,
donde está, si no lo más representarivo, sí lo más
desesperanzado de su poesía.
Aquí no hay signos de puntuación, ni mayúsculas, ni
YO, ni
TÚ. Aquí
hay un TODOS
desconocido y
ajeno. El verso es áspero e intencionalmente esdrújulo,
verso éste al que me referiré más adelante.
La angustia, la rebeldía y el encono de sus otros libros
duelen menos que estas viñetas donde las palabras, los versos y
hasta las ideas están siempre de perfil.
Quizá porque el poeta prefirió no verles las caras.
De Simplificación de
Eros:
(…) ¿para qué usar recursos metafísicos
en
músculos y glándulas y nervios
que
preordenados no requieren estímulos? (…)
De Hombre ideal:
El
hombre nuevo y útil
escucha
pero no habla (…)
una
computadora
tabula
su esperanza
hace
el amor engendra (…)
muere
en paz y le basta.
De Rock Video:
(...) un
maestro barbado
con
la guitarra apoyada en el pubis
hace
estallar los alambres y las tripas (…)
y
todos danzan todos
estupefactos
y frenéticos (…)
La voz poética de Lucas Lamadrid tiene la fuerza de lo genuino, lo logrado.
Aguda o grave, tierna o enconada, trenzándose a la luz o amparándose
en la sombra, esperanzada o hiriente,
será siempre la voz de un poeta de sensibilidad a flor
de verso.
Paradójicamente, lo más viril de su poesía está en los estremecimientos
y las resquebrajaduras que se concede sabiendo que el poeta, no
importa cuánta sea su fuerza, tiene siempre la fragilidad de la
desnudez que nos regala.
Lo erótico
en la
poesía de Lucas
Lamadrid
merece un
capítulo aparte.
Siempre he creido que lo genuinamente poético-erótico
no comulga con el mal gusto y la vulgaridad.
Como expresó la poeta, escritora y ensayista española Ana María Fagundo
en la presentación de mi libro El hambre de la espiga, "se
puede hacer poesía de fuerte contenido erótico de una manera
sugerente, poderosa y hasta elegante " .
Elegante,
pero nunca balbuceante y timorata es
la poesía erótica de Lucas Lamadrid.
No puede serlo una voz poética que,
cruda, acusadora y tajante sabe gritar el desamparo del
perseguido, del inmigrante,
del acorralado:
No
le extiendas tu mano, que la suya se la pudre la lepra del
destierro!
Volverán
al hogar las prostitutas y los gatos.
Era Patria y era hembra.
Con
este verso, era Patria
y era hembra, me acerco, no sólo a la fuerza de la voz lírica en el erotismo de mucha de la poesía de
Lucas Lamadrid, sino a la
simbiosis erótica que logra el poeta en uno de sus poemas.
Aclaro
que no debe confundirse "fuerza de la voz lírica en el
erotismo" con "fuerte erotismo",
que está muy lejos de ser representavivo de la obra de
este autor. Hablo
de la dualidad fuerza-refinamiento que logra magistralmente
Lamadrid en sus versos eróticos.
Basten estos ejemplos de diferentes libros y poemas:
Dormido sexo y
viento aprisionado / en
el temblor del ala
Ardiente, fiera, sensitiva / se
me escapa tu carne
Despiertas
y se alza / mi sol
sobre tu cuerpo
Furor
de reducir tiempo y espacio /
al orgásmico rito de un instante
La
Poesía, cuando toca al poeta, se hace parte tan íntima e
inquietante del mismo que lo obliga a desnudarse por dentro.
Y se desnuda Lucas Lamadrid en los versos de intenso,
elegante y bello
erotismo que logra en
el poema Evocación
desesperada, páginas
18 y 19 de su libro Cantos
de la tierra y
el hombre, premiado por el Círculo de Poetas y
Escritores Iberoamericanos de New York en 1982.
Clavo mi rostro... para
palpar tus pechos...
Me vuelvo sierpe... para
albergar mi fiebre entre tus muslos.
Pero,
¿qué hacen estos versos eróticos en un libro que –y cito de
Pablo Le Riverend– "es un testimonio vivo de la realidad
social y moral de Cuba bajo la revolución marxista-lenilista?”
¿En unas páginas donde la voz lírica se amarga y
encona en la increpación y la culpa?
¿En un libro que abre con esta dedicatoria,
"A todos los poetas y escritores del mundo,
encarcelados, perseguidos u ostratizados por razones políticas…"?
No
parece caber el erotismo en un poemario de perfil político y
frente acusatoria. En unas páginas de desafío y denuncia.
En un libro estremecido de versos como éstos:
En diversas
mazmorras de la tierra
deambulan por escasos pies cuadrados
maltrechos los poetas...
Para
despejar las interrogantes se impone entrar en la simbiosis Isla-Mujer
que logra Lucas Lamadrid en su Evocación
desesperada.
Porque es a la Isla-Mujer, a la Isla-Niña, a la Isla-Amada a
quien clama el poeta.
Y a esa Isla-Mujer vuelvo ahora, aunque a saltos,
adentrándome en la
incontenible fuerza somática,
telúrica y erótica del poema.
Isla
mujer
¿me oyes?
Porque dormí sobre tu vientre
y te amé con pasión inequívoca
¡escúchame!
Isla
amada…
Nada más no separa
un pedazo de mar que cabe en nuestros brazos,
un puñado de angustia (...)
Isla
niña
te invoco entre mis brazos
en la urgente inquietud de mi cintura (...)
Clavo mi rostro en alambradas de odio
para besar tus labios.
Estiro entre barrotes de crueldad mis brazos
para palpar tus pechos (...)
Isla
mujer…
¡Cuánto sentí dejarte
en la orilla del miedo
al borde de la fuga (...)
Y
cierra Lucas Lamadrid su magnífico poema con tres versos
lapidarios, porque en hojas
de papel queda
siempre la voz viva de los poetas muertos.
Mas sólo debes esperar un día
la miseria fortuita de mi muerte
en una hoja de papel.
Releyendo
la obra del poeta confirmo que, compitiendo con la fuerza y
belleza del erotismo en su poesía está, sin duda alguna, el
acertado uso de las palabras esdrújulas, donde se apoya y levanta la fuerza de sus versos más
enconados. Las esdrújulas de Lucas se apropian del poema de tal
forma que pasan a ser el centro protágonico del mismo.
El uso y voluntario abuso de ellas, unido a sustantivos
decidores y a consonantes agresivas,
crean una voz de protesta, de rabia, de encono y de rebeldía
que se agudiza en los poemarios inéditos Trayectoria de la indignación y Retablos
esperpénticos, donde
sorprenden y duelen sus esdrújulas indignadas.
No es preciso escudriñar la obra de este poeta para confirmar tanto la
intención como lo novedoso del intento.
En su poema Tierra
de promisión, escrito en los primeros años de exilio, aparecen, sin ser
las únicas, 5 esdrújulas en 8 versos consecutivos.
Cabe aclarar que en este poema nos habla Lucas de la recomendación
de cambiarse o abreviarse el nombre, que le hacen en el
Departamento de Inmigración al aprobársele la ciudadanía de
este país. Tierra
de promisión abre con una esdrújula en su primer verso,
al decirnos el poeta:
Me
sugirieron un patronímico nativo
para
que no me sintiera extranjero
y
yo lo rehusé muy cortésmente (…)
y sigue el poema sorprendiéndonos con sus esdrújulas protagónicas:
¿Cómo podía cambiármelo?
¿Cómo se encontraría
la fosca voz cantábrica que clama en mis adentros?
Y así seguí nombrándome un Lamadrid celtíbero (…)
Mas tuve que quitarme mi Moya de Levante,
mi vertical geográfica de sol y de naranjas (...)
Nos asombra el poeta con el dominio de las voces esdrújulas en los versos
del poema Variantes
de la indignación, de vuelo poético in-crescendo y que, desde el comienzo, anuncia una
poesía intimista y confesional:
Desde alguien que
he sido/ desde algo que acaso nunca fui…, donde
encontramos las acertadas esdrújulas: sórdido,
nómadas, perisféricas, epidémicas, ámbito, íntegra, círculos, lápidas, metálico, artrítico.
Del libro inédito Trayectoria de la indignación,
como los dos poemas citados anteriormente, es Viñeta
de la incuria (Barrio de inmigrantes), donde no hay que aclarar ni el alcance ni la
intención de voces como luciérnagas, tímpanos, sórdidas, narcómanos, cadáveres.
Trayectoria
de la indignación contiene la poesía más
representativa de Lucas Lamadrid; pero en Retablos
esperpénticos se observa que la voz esdrújula
no es ya el arma de rebeldía y de indignación del poeta,
sino el
del desencanto, la protesta y el rechazo. Baste decir que en el
poema Simplificación
de eros encontramos 9 esdrújulas en los once versos que forman el poema.
¿Repite Lucas Lamadrid sus esdrújulas?
¿Cómo hacerlo si son ellas las protagónistas del poema
y éste se explica por sí solo?
Aquí las esdrújulas van de lágrimas y súplicas hasta glándulas, émbolo, estímulos, metafísicos, automáticos y orgásmicos.
En Rock
Video, Lamadrid utiliza, de manera genial, 20 esdrújulas en
treinta y seis versos, logrando el efecto caótico de una
desenfrenada música rock.
Aquí las esdrújulas se contorsionan, bailan y gritan en lo que
describe el poeta como:
(…)
óptica musical hiperactiva
–Terpsícore
y Orfeo plebeyizados–
gimnástica
hormonal
(…)
barbarie coreográfica
crescendo
rítmico hacia el vértigo
dialéctica suicida
que anticipa
y
concibe la muerte como orgasmo (...).
Obsérvese el nuevo y atinado despliegue de las otras voces esdrújulas
que sacuden este poema: zoológicas,
atabálicos, paroxíxticos,
micrófonos, falópica,
frenéticos, lúbricas, íncubos, súcubos, psiquedélicas,
protagonizando
lo que ve el poeta
como un barajar a Bach,
Vivaldi o Stravinsky con especies
zoológicas de insectos.
De Retáblos
esperpénticos, aunque fuera del contexto del poemario por su temática y su lirismo, son
también los poemas Trayecto
del asombro
y Génesis
del poema.
Las voces esdrújulas en Trayecto del asombro son ahora figuras protagónicas del amor y del estreno de la experiencia
sexual: súbito, vértigo,
insólito, cóncavas, párpados, cálidas.
En Génesis
del poema encontramos
15 esdrújulas en treinta versos. ¿Qué
voces acoge Lucas para darnos el alumbramiento de la creación
artística?
Cántico, imágines, difíciles, ámbito, límites, líquido,
erráticas, sílabas, relámpagos, inmóviles, pirámides, anárquicas,
vibrátiles y libélulas, para cerrar el poema con
dos versos de singular belleza:
Abre
el sueño las alas / y en una angustia de papel nace el verso.
Trabajaba el poeta en Panoplia
de símbolos cuando lo desarma la enfermedad y lo silencia
la muerte. En este poemario regresa Lucas de la ira y la
protesta para abrazar el lirismo de sus primeros libros, ahora más
sosegado, más hondo y filosófico.
Del poema Herbáceo:
Como brisa en el viento (…)
mezclarme con el polvo,
detenerme
quizás en un jardín,
un páramo o un huerto (…)
amar y ser amado entre las
yerbas,
fecundar, germinar,
multiplicarme
para un prado o un césped.
En el poema Trasluz,
de
Panoplia de símbolos, encontramos
10 esdrújulas
en sus veinte versos;
7 en
el poema Inicial
y 13 en
Madrigales de la
era espacial; pero no las agresivas
voces de rechazo de sus poemas indignados, sino iluminadoras
aliadas del discurso poético.
¿No son acaso exactas y enfáticas para visualizar los
madrigales de la era espacial las voces
atmósfera,
concéntrico, órbitas, centrípeda, cósmicas, stélite, búsqueda,
hipsométricos, insólito, eléctricas y galáctico?
La poesía de Lucas Lamadrid se dejó oir y sentir, en Madrid con Ángeles
Amber; en Barcelona con José Jurado Morales; en Salamanca con
Josefina Verde; en Pamplona con Ángel Urrutia; en Puerto Rico
con Manuel de la Puebla; en la Argentina con Oscar Abel
Ligaluppi; en Uruguay con Rubinstein Moreira.
No sufrió Lucas Lamadrid, como Vallejo, del mal de estar vivo. Sufrió un
entorno inhóspito y hostil que denuncia y combate con sus mejor
arma: la palabra.
Ésa que ruega a Dios no quitarle. La
que nos dejó en la intensidad de su lirismo,
el fino erotismo de su poesía y el verso ríspido y
punzante que lo identifica.
Inmerso en una sociedad ajena e indiferente a su problemática y su
desarraigo, se vio
imposibilitado Lucas Lamadrid de dar a conocer debidamente su válido
aporte a la LITERATURA -en mayúsculas-, por referirme no a ésta
o aquélla, sino a la Madre Literatura que acoge a todos los que
se desnudan en un mismo idioma.
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